lunes, 5 de enero de 2009

Ya.. vienen... los Reyes... y detras los de la SGAE.

Ahora que vienen los Reyes Magos cargados de ipods, dvds y ordenadores personales, tengan cuidado no se les vaya a meter en casa, disfrazado de paje Real, algún investigador de la Sociedad General de Autores, mas conocida como SGAE.

Digo esto porque hace unos días fue noticia que se había multado a dicha entidad por introducir en una boda a un detective privado para investigar si se habían pagado derechos de autor por la música que sonó en la misma. Desde luego la protección de estos derechos por las entidades que los gestionan esta llegando a rozar el esperpento.

En cualquier caso el panorama en la materia ha sufrido un cambio importante desde la imposición del famoso canon digital. Con él se paga por el uso del derecho a la copia privada gravando todo soporte que permita la copia de obras protegidas por los derechos de autor, y lo que es mas grave, también de las que no lo están, ya que no todo lo que se graba o copia esta protegido. Así por ejemplo no lo esta la música clásica ni nuestro propio trabajo, sin embargo igual pagamos el canon.

Así por mucho que la SGAE y adláteres se empeñen en amenazar a los usuarios de programas que permiten compartir y descargar archivos, bajo mi humilde opinión, la imposición del canon ha supuesto la concesión de una patente de corso para estas prácticas, siempre que no se obtenga lucro con ello.

Sí una persona tiene una obra almacenada en un CD, por el que pagó el canon, y se lo deja a sus amigos para que se lo copien en otro CD, por el que tambien lo pagaron, este se esta limitando a ejercitar su derecho a la copia privada. Si, gracias a las nuevas tecnologías, se puede hacer esto mismo con muchos “amigos” alejados físicamente, aunque su único nexo de unión sea compartir un mismo programa para compartir archivos, estamos en el mismo caso.

Los autores deberían plantearse que con estas practicas están intentando perpetuar un modelo que, si bien les ha generado pingües beneficios en el pasado, hoy en día la evolución tecnológica lo ha dejado obsoleto, debiendo acudir a nuevas vías, adaptadas a la realidad social, para rentabilizar sus obras, como algunos ya hacen.

(Articulo publicado en la sección Tribuna Jurídica del suplemento de empresa del Periódico Mediterráneo del 4 de enero de 2009)
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